domingo, 23 de noviembre de 2025

"Reinicia: Borra lo aprendido y piensa la empresa de otra forma", de Hansson, David Heinemeier , Fried, Jason

[...]Tienes que sentir que si un día dejaras lo que estás haciendo, la gente lo echaría en falta.[...]
[...]haz algo que realmente importe.[...]
[...]La forma más fácil y directa para desarrollar un gran producto o servicio es hacer algo que tú desees utilizar[...]
[...]lo mejor de esta filosofía de «empezar por la propia casa» es que te permite enamorarte de lo que haces.[...]
[...]Tener la idea de eBay no tiene nada que ver con ir y crear eBay. Lo que importa es lo que haces, no lo que piensas o planeas.[...]
[...]La parte crucial es el cómo se ejecuta.[...]
[...]no pienses que tendrás que dejar tu trabajo. Consérvalo y empieza a plantear tu proyecto por la noche.[...]
[...]Si no progresas, sencillamente continúa yendo a trabajar cada día como has estado haciendo toda tu vida.[...]
[...]Si realmente quieres algo, encontrarás el tiempo, con independencia de tus obligaciones.[...]
[...]Que tus sueños se hagan realidad es exclusivamente tu responsabilidad.[...]
[...]Si lo que dices no molesta a nadie, probablemente es porque no estás poniendo toda la carne en el asador.[...]
[...]Si lo que hacemos nosotros no le va bien a todo el mundo, no pasa nada.[...]
[...]Mientras haya clientes a los que les encante lo que hacemos, estamos dispuestos a perder otros. Esta es nuestra raya en la arena.[...]
[...]Defender algo no se limita a ponerlo en un papel. Se trata de creértelo y de vivirlo.[...]
[...]Las empresas de servicios no necesitan gran cosa para arrancar. Si estás empezando un negocio de este tipo, evita recurrir a la financiación externa.[...]
[...]intenta endeudarte al mínimo[...]
[...]Sencillamente, no serás capaz de tirar adelante con todo lo que quieres hacer y, además, hacerlo bien.[...]
[...]tendrás que sacrificar alguna de tus ideas brillantes por el bien del resultado final.[...]
[...]Reduce tus ambiciones a la mitad. Es mejor una mitad única que una unidad a medias.[...]
[...]Para conseguir algo excepcional hay que empezar por descartar lo que no es meramente bueno.[...]
[...]Debes atacar primero las cosas que tienes que hacer.[...]
[...]Afianza los fundamentos primero y preocúpate de lo accesorio más tarde.[...]
[...]Siempre que puedas sustituye «vamos a pensárnoslo» por «decidámoslo». Comprométete a tomar decisiones. No esperes a que llegue la solución perfecta. Decide y sigue avanzando.[...]
[...]Durante mucho tiempo nos resistimos a desarrollar un programa de afiliación para nuestros productos porque la solución «perfecta» nos parecía demasiado complicada.[...]
[...]«¿Qué es lo que podemos hacer ahora mismo que sea lo suficientemente bueno?»[...]
[...]no tienes por qué ligarte a una decisión para siempre.[...]
[...]Independientemente de todo lo que planifiques, siempre habrá algo que salga mal.[...]
[...]Toma decisiones, avanza y ofrece algo ahora, mientras tengas la motivación y la fuerza para hacerlo.[...]
[...]Dedícate constantemente a localizar cosas que sobran, que se pueden simplificar o aligerar.[...]
[...]Cuando las cosas no van bien, la tendencia natural es darle más vueltas al problema. Dedicarle más tiempo, más gente, más dinero. Todo lo que se consigue con esto es agrandar el problema. Lo que hay que hacer es justo lo contrario: recortar.[...]
[...]te concentras en lo que está de moda en lugar de en lo que es realmente sustancial.[...]
[...]La esencia de tu negocio debería pivotar sobre todo aquello que no cambia. Sobre cosas que la gente quiere hoy y seguirá pidiendo dentro de diez años.[...]
[...]cualquier otro tipo de frivolidades, en lugar de lo que importa de verdad. Y lo que realmente importa es cómo conseguir clientes y ganar dinero.[...]
[...]Tu arte está en tus dedos.[...]
[...]No puedes limitarte a hacer simplemente una cosa sin más.[...]
[...]Quizás incluso pienses que no generas subproductos. Pero eso es ser corto de vista.[...]
[...]Seguro que hay algo que tú podrías vender y que aún no te has planteado.[...]
[...]Que tengas todavía una lista de cosas pendientes no quiere decir que no esté listo.[...]
[...]la mejor forma de arrancar es corregir mediante la repetición. Deja de imaginar qué es lo que funcionará. Descúbrelo en la realidad.[...]
[...]Demasiado ketchup puede arruinar unas patatas fritas. El valor es una cuestión de equilibrio.[...]
[...]Algunas veces dejar lo que estás haciendo es la decisión adecuada, incluso si para entonces ya le has dedicado mucho esfuerzo. No insistas en malgastar un tiempo necesario en un trabajo que no lo es.[...]
[...]permanentemente te quedas hasta tarde en la oficina y trabajas los fines de semana, no es porque tengas mucho trabajo. Es porque no te sacas las cosas de encima. Y la causa son las interrupciones.[...]
[...]Cuando algo sencillamente correcto te sirva, escógelo.[...]
[...]siempre podrás hacerlo mejor más adelante.[...]
[...]El método para ganar impulso es terminar una cosa y proseguir con otra.[...]
[...]mantén la costumbre de ir acumulando pequeñas victorias por el camino.[...]
[...]Cuanto más tiempo necesites para lograr algo, menos probable es que lo consigas.[...]
[...]«¿Qué podemos lograr en dos semanas?» Y hazlo.[...]
[...]emplean su creatividad para plantear soluciones que exigen diez veces menos esfuerzo.[...]
[...]Dividir en unidades más pequeñas el proyecto.[...]
[...]Las listas largas son como un rosario de culpas. Cuanto más larga es una lista, más culpable te sientes.[...]
[...]Por desgracia, en el mundo de los negocios copiar es una inclinación mucho más indigna.[...]
[...]Incorpora tu propia forma de pensar en lo que vendes. Individualiza tu producto. Haz algo que nadie más aparte de ti pueda ofrecer.[...]
[...]Métete en tu producto y en todo lo que le rodea: en cómo se vende, cómo lo apoyas, como lo argumentas y cómo lo comercializas. Tus competidores nunca podrán tener ese tú en su producto.[...]
[...]¿Contra quién quieres ir?[...]
[...]Haz menos que tus competidores y les vencerás. Soluciona los problemas sencillos y deja los problemas peludos, feos y difíciles para ellos. En lugar de dar un paso más, da un paso menos.[...]
[...]No te avergüences de que tu producto o servicio haga menos cosas que los demás. Destácalo. Siéntete orgulloso de ello. Véndelo con convencimiento, igual que tus competidores venden su interminable lista de prestaciones.[...]
[...]Si piensas demasiado en tu competencia acabarás perdiendo tu propia visión.[...]
[...]Acabarás ofreciendo los productos de tu competencia pintados de otro color.[...]
[...]No te cuestiones si estás «ganando» a Apple (o a quien sea el grande en tu sector). Ésta es una pregunta equivocada. No se trata de una batalla de pierdo o gano. Sus costes y sus beneficios son suyos. Y los tuyos son tuyos.[...]
[...]¿Si lo que haces es ser como todos los demás, para qué te has metido en esto? Si te limitas a imitar a tus competidores, tu existencia no tiene sentido.[...]
[...]Tu objetivo es que tú estés contento con tu producto.[...]
[...]«Creo que te encantará, porque a mí me encanta[...]
[...]Ajusta y adapta sus productos en función de sus peticiones y empieza a perder la confianza del resto de su clientela.[...]
[...]Añadir nuevas aplicaciones para satisfacer a alguien puede acabar por intimidar a los que todavía no se han sumado a nuestra propuesta.[...]
[...]Los productos pequeños, simples y básicos siempre tendrán demanda.[...]
[...]Asegúrate de que se lo pones fácil a todos aquellos que todavía no están contigo. Es allí donde reside tu crecimiento potencial.[...]
[...]Cuando se te ocurren grandes ideas te sube la adrenalina.[...]
[...]Las empresas inteligentes hacen justo lo contrario: ofrecen cosas que están a la altura de las expectativas cuando llegan al hogar.[...]
[...]Lo que tú buscas es una relación estable, no sólo un encuentro fortuito de una noche.[...]
[...]No tiene ningún sentido llamar la atención de todo el mundo si todavía no estás preparado para presentarte en sociedad.[...]
[...]Así que crea tu audiencia. Habla, escribe, mantén un blog, tweetea, graba vídeos, lo que sea. Si eres capaz de compartir información que sea relevante conseguirás una audiencia leal poco a poco.[...]
[...]ofreciéndoles formación conseguirás un tipo de fidelidad totalmente diferente. Confiarán más en ti. Te respetarán más.[...]
[...]La formación es tu oportunidad para dejarlos fuera de juego.[...]
[...]Como propietario de tu negocio tú también deberías compartir todos tus conocimientos.[...]
[...]No tengas miedo de compartir.[...]
[...]Pueden apreciar todo el esfuerzo y dedicación que se esconde detrás de tu producto. Tienen un conocimiento más profundo de lo que haces y lo valoran mejor.[...]
[...]Debes prescindir al máximo de las cosas y emplear sólo lo que tienes a mano.[...]
[...]las notas de prensa son un método fatal para lograr esto.[...]
[...]Imita a los traficantes de drogas. Consigue que tus productos sean tan buenos, tan «no te lo puedes perder» que con una prueba gratis tus clientes querrán más y estarán dispuestos a pagar.[...]
[...]No tengas miedo de ofrecer algo gratis, mientras dispongas de algo para vender.[...]
[...]Si no estás seguro del todo es que todavía no dispones de un producto lo suficientemente potente.[...]
[...]No vas a dar en el clavo inmediatamente. No te vas a hacer rico en el acto. No eres tan especial que todo el mundo se va a girar para mirarte. A nadie le importas. Al menos todavía no. Acostúmbrate.[...]
[...]Cambia la idea del éxito en un día por el de un crecimiento lento y controlado.[...]
[...]eres un don nadie con un producto del que nadie ha oído hablar todavía.[...]
[...]Ponte a buscar una audiencia para tu empresa desde el primer momento. Busca personas interesadas en lo que quieres decir. Y sé constante en la tarea.[...]
[...]cuando alguien se vaya, no lo reemplaces inmediatamente. Comprueba cuánto tiempo puedes aguantar sin esa persona o sin ese puesto.[...]
[...]Deberías detectar que tus niveles de calidad se empiezan a resentir. Y ese es el momento para contratar, no antes.[...]
[...]Causarías a tu empresa más perjuicios que beneficios si te dedicas a incorporar personas con talento que no tienen nada importante que hacer[...]
[...]Si te decides a contratar a partir de esta porquería no tienes ni idea de lo que realmente significa contratar.[...]
[...]Hay una tendencia a sobrevalorar el tiempo que alguien ha pasado haciendo una determinada cosa. Lo que realmente importa es si lo hizo bien.[...]
[...]Cuando dispones de un equipo reducido necesitas gente que haga cosas, no que las delegue.[...]
[...]Una frase como «Déjeme que lo averigüe y me volveré a poner en contacto con usted» puede hacer milagros.[...]
[...]no das marcha atrás tontamente en lo que atañe a una decisión necesaria, por muy controvertida que resulte.[...]
[...]La cultura son acciones, no palabras.[...]
[...]No te inventes problemas que no tengas todavía. No hay un problema hasta que no se convierte en un problema real. La mayor parte de las cosas que te preocupan nunca suceden.[...]
[...]En este momento es una estupidez preocuparse de si tu concepto llegará a cinco o a cinco mil usuarios[...]
[...]Conseguir que un producto o un servicio despegue ya es suficiente reto como para encima inventarse más obstáculos.[...]
[...]Haz lo que puedas ahora y ya te preocuparás más tarde del futuro.[...]
[...]Los mejores ambientes de trabajo respetan a la gente que hace su trabajo y cómo lo hace.[...]
[...]¿Cuánto tiempo empleas redactando manuales de normas que nadie lee?[...]
[...]En realidad no necesitas más horas, lo que necesitas son horas de más calidad.[...]
[...]Las políticas de empresa se aplican sólo para las situaciones que se repiten una y otra vez.[...]
[...]Lo que no dura siempre es la inspiración.[...]
[...]Si quieres hacer algo, tienes que hacerlo ahora.[...]
[...]Más tarde ya no estarás entusiasmado[...]

sábado, 11 de octubre de 2025

"El libro negro del emprendedor", de Fernando Trias de Bes

[...] lo esencial es cómo un concepto se pone en práctica. [...]
[...] no fracasan las ideas, sino son las ilusiones las que se dejan vencer por falta de cintura, imaginación y flexibilidad para afrontar imprevistos. [...]
[...] porque cuando se trata de emprender, la experiencia empresarial no garantiza el éxito. [...]
[...] Los errores del emprendedor no suelen ser de gestión, sino errores propiciados, paradójicamente, por la misma fuerza que induce a emprender: [...]
[...] negocio a nadie le gusta que le expliquen cómo reaccionar cuando su socio, que dos meses atrás estaba como loco con la idea, le diga que no lo ve claro y, de pronto, uno se queda solo ante el peligro [...]
[...] Para evitar que un emprendedor fracase ha de saber por qué fracasaron aquellos a quienes no les fue bien. [...]
[...] analizar un éxito no reviste tanto sentido como comprender un fracaso [...]
[...] emprender, de jugarse el dinero propio, de arriesgar una carrera profesional, de comprometer la economía familiar del emprendedor, a menudo, su propio patrimonio. [...]
[...] Estoy en el punto donde la curva de ingenuidad [...]
[...] el día que uno de los dos lo deje», pero es necesario. [...]
[...] en que eso ocurra, al socio o los socios que se apeen del [...]
[...] Si uno no puede dejar su empleo para emprender, sólo cobra cuando se repartan beneficios lo que le corresponda según sus acciones, que habrán sido calculadas teniendo en cuenta el dinero y los activos aportados. [...]
[...] A menudo, muchos negocios no hubiesen arrancado sin la renuncia temporal por parte de los socios de un sueldo. [...]
[...] hay que anotar lo que se le adeuda a esa persona y hay que tener muy claro que esa situación es temporal. [...]
[...] Pues porque, en caso contrario, el día en que haga falta contratarlo, tendremos una estructura de costes que no estará acostumbrada a soportar las cargas reales necesarias para funcionar. [...]
[...] quedar perfectamente definidos y acotados. Hay una tendencia a dejar que eso surja de forma natural, pero no es el mejor método. [...]
[...] El modo más justo de separarse revela el modo más justo de asociarse. [...]
[...] emprendedor. Ni soy ni he sido un gran empresario, pero sí un emprendedor. [...]
[...] Ni soy ni he sido un gran empresario, pero sí un emprendedor. [...]
[...] estrategia ha sido hacer siempre lo contrario de lo que la gente dice que hay que hacer. [...]
[...] la naturaleza de la persona que emprende, los socios, la idea de negocio, la situación familiar del emprendedor y la gestión del crecimiento [...]
[...] La idea es el vehículo de la actividad emprendedora, pero nunca una motivación sólida y duradera. [...]
[...] Cuando son las circunstancias las que le obligan, estamos ante un emprendedor carambola. Ahí se dan tremendas historias de fracasos e ilusiones rotas. Pero, en fin, de todo se aprende… [...]
[...] Un escritor no se convierte en tal porque tiene un argumento, sino porque desea ser escritor. Pues lo mismo para el emprendedor. [...]
[...] El motivo es irrelevante mientras haya motivación [...]
[...] El motivo que provoca su decisión no es importante mientras haya una ilusión real. [...]
[...] Sin ilusión sólo se conseguirá el éxito con mucha suerte [...]
[...] ser bombero. Mientras ejercía de maestro se preparó para [...]
[...] En el caso de emprender hay una faceta personal que permite a cualquier persona sin madera de emprendedor ser capaz de sobrevivir y triunfar en casi cualquier aventura empresarial. Se trata de la capacidad de sobreponerse a las dificultades, de afrontar reveses. Llámele capacidad de sufrimiento, espíritu luchador, tenacidad… [...]
[...] no hay nada más inútil que hacer planes. [...]
[...] tengo espíritu luchador, no me rindo fácilmente. Esto se traduce en capacidad de examinar mis errores, aprender qué hago mal cuando me equivoco (sin fustigarme), corregido y poner ante mí nueva munición e ilusiones renovadas [...]
[...] nadie iba a contratamos si no demostrábamos que sabíamos hacer las cosas mejor que nuestros competidores incluso en el modo de elaborar un presupuesto y enfocar una propuesta de colaboración. [...]
[...] Ningún emprendedor ha dejado de cometer un gran error [...]
[...] No hay emprendedor o profesional que no haya cometido un gran error en su vida. [...]
[...] aprendieron que no debían aceptar encargos para los cuales no estaban todavía dimensionados y salieron adelante. [...]
[...] Recuerde que no fracasan las ideas, fracasan las personas. Recuerde que no fracasan los negocios, sino que son las ilusiones las que se dejan vencer por la falta de cintura, imaginación y flexibilidad para afrontar imprevistos. [...]
[...] «Para ser emprendedor, sobre todo hay que ser un gran fajador». [...]
[...] de qué depende que una persona sea así de tenaz y luchadora [...]
[...] depende, sobre todo, del entorno en el cual uno ha nacido y crecido [...]
[...] Analice si es usted una persona con capacidad de sufrimiento. En caso contrario, rodéese de personas que posean esa capacidad porque es quizá aun más importante que tener madera de emprendedor. [...]
[...] No está cuantificado, pero creo que no ando muy errado al afirmar que el fracaso del 50 por ciento de emprendedores se debe a la falta de espíritu luchador. [...]
[...] Ser una persona que no se rinde permite superar todo esto y más. Ser luchador constituye un salvoconducto para las personas que no tienen madera de emprendedor. Puede que usted no tenga carácter emprendedor, pero puede suplir esta carencia con espíritu de sacrificio. [...]
[...] La juventud también te da cierta inseguridad y en ese aspecto eres vulnerable a asociarte con otras personas, con más socios te sientes más seguro [...]
[...] El motivo principal por el cual el emprendedor novel se asocia es éste: miedo. [...]
[...] Si está pensando en tener socios porque necesita dinero, hable con un banco. [...]
[...] Si está pensando en tener socios porque solo no puede con todo, emplee un trabajador. [...]
[...] Si está pensando en tener socios porque hay un área que no domina, subcontrate ese servicio. [...]
[...] Si está pensando en tener socios porque necesita comentar ciertas cosas, contrate un coach. [...]
[...] Y si usted es una persona que tiene el don, la capacidad, el empuje, la tenacidad, la audacia… —llámele como quiera— de crear y mantener un negocio, no se le ocurra compartido con nadie. [...]
[...] El crédito cuesta intereses. El trabajador cuesta su sueldo y las cargas sociales asociadas [...]
[...] «Buscar un socio es compartir el riesgo y la aventura. Te da cierta seguridad. Aunque, personalmente, creo que es mejor emprender solo que con un socio» [...]
[...] Las empresas donde manda más de uno no funcionan. [...]
[...] Las empresas donde manda más de uno no funcionan. Porque cuando hay problemas alguien debe tener el mando y decir la última palabra en relación con lo que hay que hacer. [...]
[...] capital riesgo o un business angel sí va a hacerla. Proyectos [...]
[...] Socios sólo si los necesita y, además, capitalistas. Nunca socios para desempeñar trabajo. Socio capitalista, pero trabajando juntos es difícil, por no decir imposible. [...]
[...] apropiada. Y eso es también una cualidad. Finalmente, hay una situación en la cual es bueno tener socios. Se trata del caso en que el emprendedor, debido a una enfermedad o a su edad, requiere que alguien gobierne el barco durante una ausencia temporal o definitiva. [...]
[...] Finalmente, hay una situación en la cual es bueno tener socios. Se trata del caso en que el emprendedor, debido a una enfermedad o a su edad, requiere que alguien gobierne el barco durante una ausencia temporal o definitiva. [...]
[...] preferentemente, cuente sólo con socios capitalistas, no se asocie para compartir trabajo [...]
[...] Cuarto FCF: contar con socios cuando en realidad puede prescindir de ellos [...]
[...] Escoger socios es muy parecido a seleccionar a las personas con quienes dar la vuelta al mundo en un submarino. [...]
[...] De sus socios va a conocer todas sus miserias, así que tienen que ser personas que compartan algo fundamental: su misma escala de valores [...]
[...] «El socio no debe ser nunca inferior, ya que entonces sólo se tiene como halago personal». [...]
[...] hay que pactar muy claramente cuál es la ambición, el objetivo que se persigue al emprender [...]
[...] Quinto FCF: escoger socios sin definir criterios de elección relevantes. [...]
[...] Si es usted capaz de definir la mejor forma de separarse, sabrá automáticamente especificar cuál es la mejor forma de asociarse para el negocio concreto que quiere emprender. [...]
[...] Pues no. Si es usted emprendedor, es que cree en las reglas del libre mercado y en la competencia. Por lo tanto, no diseñe un sistema comunista en el marco de un sistema de libre mercado donde lo que se prima es el esfuerzo individual. [...]
[...] No recomiendo la opción de dejar dinero a la empresa. Es bastante absurdo, porque si la empresa lo va a poder devolver es que tendrá beneficios, así que mejor tener ese dinero depositado como capital [...]
[...] Sexto FCF: ir a partes iguales cuando no todo el mundo aporta lo mismo. [...]
[...] Y las ventas se celebran con independencia de su precursor. Pero pasa el tiempo y la emoción inicial se desvanece. [...]
[...] Y uno comienza a echar cuentas de lo que ganaría si no tuviese que compartir sus logros. [...]
[...] en la definitiva conclusión de que es mejor continuar solo. [...]
[...] El tercer motivo de desavenencias tiene que ver con algo tan sencillo, pero tan conflictivo, como es el estilo. El estilo profesional. El modo de vestir, la inversión o no inversión en decoración de la consulta, oficina o despacho, la manera de atender a los clientes, la forma de tratados, corbata o no corbata, batín o no batín [...]
[...] Una de las maravillas de ser emprendedor es la libertad que uno tiene para emplear su vida en aquello que le llena y, sobre todo, de poder hacer modificaciones con el paso del tiempo. [...]
[...] Es fundamental saber que nunca nadie hace las cosas como las haríamos nosotros. [...]
[...] Hay personas que no saben delegar porque no soportan que no se hagan las cosas como ellas las harían. [...]
[...] Otras causas menos sangrantes (pero que acaban siendo importantes) tienen que ver con el estilo y la apariencia que se quiere dar al negocio. [...]
[...] Séptimo FCF: falta de confianza y comunicación con los socios. [...]
[...] Deje de pensar en ideas, y céntrese en las oportunidades: «Más que de idea, yo hablaría de oportunidad. Una oportunidad puede basarse en una nueva idea o en una idea ya existente pero que se puede ejecutar de forma diferente. [...]
[...] No todas las buenas ideas son buenos negocios. Insisto: lo que tiene valor es la forma que una idea toma. [...]
[...] Ésta es una máxima universal: más vale una idea mediocre brillantemente implementada que una idea brillante mediocremente implementada. [...]
[...] éxito se debe a la forma como han sido hechas realidad. [...]
[...] Lo importante no es el producto, sino la ventaja que sea capaz de construir y ofrecer. [...]
[...] La gente le va a preferir a usted sólo por dos motivos: porque hace algo mejor o porque lo hace igual que los demás pero más barato. [...]
[...] Un concepto de negocio que no pueda explicarse en menos de 30 segundos difícilmente podrá tener éxito. [...]
[...] comprender cómo reacciona la gente ante ella. Sólo de esa manera acabará comprendiendo cómo moldear su idea, y qué es lo que hará de ella un potencial negocio. [...]
[...] Las ventas nos esclavizan y los beneficios nos realizan» [...]
[...] Yo incluso diría que no hay buenos o malos negocios, sino que hay buenos o malos gestores de ideas. [...]
[...] Un negocio es una mirada genuina sobre una idea cualquiera». [...]
[...] Emprender tiene que ver con la creatividad, con el arte, con encontrar un estilo propio. Hay muchos factores, pero lo importante es tener una voz propia, sino el mercado te hunde [...]
[...] auténtico emprendedor no teme que otros conozcan su idea, porque sabe que él y su modo de mirar son irreemplazables. [...]
[...] un cambio no aparecen de repente, como por arte de magia. Los indicios son numerosos y reveladores. Otra cosa es querer verlos y tener la humildad y cintura para rectificar. [...]
[...] cualquier idea, cualquiera, ha sido antes pensada o está siendo pensada al mismo tiempo no por cientos, sino por miles de personas a la vez [...]
[...] Por qué otros no han implementado o no han llevado a la práctica esta idea si se les ha pasado por la mente? [...]
[...] Hay que asumir que los clientes no son estúpidos. Podrás vender algo distinto a corto plazo por el factor novedad, pero si no ofreces una ventaja, un valor real y distinto, ahí se acabó y el cliente no repite. A medio plazo, estarás muerto [...]
[...] hizo obsoleta la forma de la idea. [...]
[...] la idea inicial no es inmutable y puede ser adaptada a los cambios del entorno [...]
[...] Pero el buen emprendedor sabe que una idea que se modifica a tiempo nunca fracasa. [...]
[...] hablando y mostrando su idea al mayor número de personas posible [...]
[...] No se centre en qué va a vender, sino en por qué los clientes le van a comprar. [...]
[...] Octavo FCF: pensar que de la idea depende el éxito. [...]
[...] La importancia de escoger un sector en el que se tiene conocimiento [...]
[...] Son muchas las ocasiones en las que un emprendedor se obsesiona con una idea determinada que captura su atención. [...]
[...] deseche la gran idea y sopese si, con otra distinta, le puede seguir apeteciendo el sector de actividad o industria donde va a meterse. [...]
[...] haga este ejercicio: deseche la gran idea y sopese si, con otra distinta, le puede seguir apeteciendo el sector de actividad o industria donde va a meterse. [...]
[...] Si, sin esa idea concreta, el sector no le seduce, piénseselo dos veces. [...]
[...] «Es cierto que hay sectores muy duros, pero también que es fundamental que tú encuentres divertido el sector, que te ponga cachondo» [...]
[...] FCF es emprender en un sector que a uno no le atrae especialmente [...]
[...] Es mejor apostar conociendo los riesgos que hacerlo confiando en la fortuna pasajera [...]
[...] si emprende en un sector maduro o estable y se limita a hacer lo mismo que los demás competidores, es casi seguro que no conseguirá nada. [...]
[...] La primera posibilidad es hablar con personas de ese sector y explicarles la idea que quiere llevar a cabo [...]
[...] Es necesario que comprenda bien cuáles son los motivos por los cuales otros expertos le dicen que eso no va a funcionar. [...]
[...] «Se puede emprender perfectamente en un sector que no se conoce, pero hay que darse el tiempo necesario para conocerlo [...]
[...] La tercera posibilidad es la de incluir en su empresa a un socio (a pesar de que es mejor no tenerlos) con dilatada experiencia en ese sector. [...]
[...] El verdadero emprendedor no es una persona que implementa una idea, sino alguien que domina y reinventa un sector. [...]
[...] para no fracasar hay que aportar algo nuevo al sector de actividad en el que uno se introduce, yeso sólo puede hacerse sabiendo qué reglas se están rompiendo y no desde el desconocimiento o la ingenuidad. [...]
[...] Noveno FCF: adentrarse en sectores que no gustan o se desconocen. [...]
[...] Poner en marcha un negocio sin padecer tensiones de tesorería es como jugar al póquer con el derecho a tener un comodín y un as cada vez que se repartan las cartas. [...]
[...] Los propios bancos le concederán muchas más facilidades para financiarse a corto o largo plazo. [...]
[...] «Para mí la elección del sector es clave. Tengo un amigo que es el número uno en bolsos, nadie sabe más que él. Se gana bien la vida y mientras tanto gente tonta se forra en el sector inmobiliario. Primero lo que más te guste y después, entre los productos que más te gusten, aquellos que den más dinero» [...]
[...] Primero lo que más te guste y después, entre los productos que más te gusten, aquellos que den más dinero» [...]
[...] Un sector, para que resulte atractivo a un emprendedor, debe tener dimensión suficiente para absorber errores iniciales y permitir márgenes de beneficio adecuados. En definitiva, el río debe ser ancho» [...]
[...] «A un sector le pido que tenga posibilidades de crecimiento porque es más fácil participar del crecimiento futuro que tomar cuota de mercado actual. [...]
[...] cuando el número de competidores es tan elevado que se desata una guerra. Una guerra de precios. [...]
[...] Un sector saturado es, por definición, un sector poco rentable [...]
[...] «Recomiendo empezar con negocios de poca inversión, originales, divertidos y beneficiosos en su amplio margen comercial». [...]
[...] Lo importante no es si el sector es muy grande o muy pequeño, sino cuánto crece. [...]
[...] Cuando las expectativas de la economía son buenas, hay alegría generalizada. Se invierte, se arriesga, se compra, se comercia, se negocia poco… En situaciones así prima la velocidad. La velocidad de entrega, de reposición… Y se generan muchísimas oportunidades, incluso en los sectores menos atractivos. [...]
[...] Pocos meses antes había sido dueño de una empresa de ingeniería que fabricaba maniquíes móviles y ahora lavaba platos. Y sin problemas. [...]
[...] Si la economía no está muy boyante y puede esperar a emprender, entonces tenga paciencia y espere. [...]
[...] importante la elección de dónde y cuándo invertir, como la de cuándo des invertir. [...]
[...] Pero como el emprendedor ha agotado sus ahorros y necesita seguir viviendo, se ve obligado a buscar trabajo por cuenta ajena y a abandonar antes de tiempo un proyecto que, con unos meses más, hubiese llegado a buen puerto. [...]
[...] antes de emprender, poner los huevos en más de una cesta, como dice el refrán. [...]
[...] buen puerto. Por eso es fundamental, antes de emprender, poner los huevos en más de una cesta, como dice el refrán. [...]
[...] Por eso es fundamental, antes de emprender, poner los huevos en más de una cesta, como dice el refrán. [...]
[...] Hay dos modos de diversificar los ingresos: uno a través del ahorro propio, y dos, mediante el salario del cónyuge. [...]
[...] hay que ahorrar el tiempo que haga falta antes de lanzarse a la aventura. [...]
[...] No quería ataduras que me forzasen a claudicar antes de tiempo [...]
[...] la segunda opción es apoyarse en su familia. Normalmente, en su cónyuge. [...]
[...] Ahorrar primero y emprender después es siempre mejor que emprender sin ahorros y tener que trabajar por cuenta ajena luego para devolver el dinero [...]
[...] Las necesidades financieras son el primer gran enemigo del emprendedor. Antes de morir en el intento es recomendable buscar un socio, ayuda financiera bancaria, business angels, etc. Hay muchas alternativas. [...]
[...] los verdaderos emprendedores recomiendan una vida austera, [...]
[...] los verdaderos emprendedores recomiendan [...]
[...] los verdaderos emprendedores recomiendan una vida austera, al menos durante cierto tiempo. [...]
[...] La familia ha de estar absolutamente alineada con el emprendedor. Debe estar dispuesta a hacer renuncias, a saber que un miembro de la familia está emprendiendo por el bien de todos y que, durante cierto tiempo [...]
[...] El buen emprendedor tiene tantas ilusiones como inseguridades. [...]
[...] No dé el paso de emprender hasta no tener este apoyo en casa. [...]
[...] ahorre cuanto pueda antes de dejar su trabajo actual [...]
[...] Undécimo FCF: hacer depender el negocio de las necesidades familiares y las ambiciones materiales. [...]
[...] El emprendedor no sólo trabaja más horas y más días que un asalariado, sino que además tiene un tipo de preocupaciones que resulta casi imposible olvidar cuando está fuera del trabajo. El emprendedor no desconecta jamás. Jamás. [...]
[...] El emprendedor no desconecta jamás. Jamás. Es como un contrato laboral draconiano de 24 horas al día durante 365 días al año. [...]
[...] las preocupaciones y las angustias del emprendedor (así como sus ilusiones) van a ocupar una parte tan importante de sus neuronas que prácticamente no tendrá temas de conversación con su pareja que no hagan referencia al negocio. [...]
[...] En algún momento llegará a sugerirle que prefiere que lo deje todo y que vuelva a trabajar para otros porque antes era más feliz, estaba menos preocupado y su vida era más equilibrada [...]
[...] Dormirá como un bendito, agotado de pensar, pensar y pensar [...]
[...] Tendrá sensación de libertad, pero menos tiempo y días de vacaciones que nunca. [...]
[...] No emprenda para «arreglar» su vida personal, sino por la satisfacción que le produce la aventura de emprender. [...]
[...] no hay mayor satisfacción que la del emprendedor que logra hacer funcionar con éxito su negocio, sea éste grande o pequeño. [...]
[...] Duodécimo FCF: emprender sin asumir el impacto que tendrá sobre nuestro equilibrio vital. [...]
[...] Un negocio que no da beneficios desde el principio no suele darlos más tarde [...]
[...] Un año, más o menos, lo aguanta casi todo el mundo [...]
[...] no hay nada más absurdo que hacer planes [...]
[...] «un plan no es para que se cumpla, sino para actuar cuando no se cumple» [...]
[...] hacer planes sirve, sobre todo, para identificar cuáles son las cifras de ventas a partir de las cuales habrá que tomar ciertas decisiones [...]
[...] «Mantener unas ventas tan altas nos esclavizaba. La felicidad no está en la facturación, sino en el beneficio [...]
[...] El buen emprendedor sabe encontrar el tamaño que mejor se adapta a sus capacidades y las del modelo de negocio que ha creado. [...]
[...] «La dificultad estriba en mantener a lo largo del tiempo la motivación que generó el proyecto y no traicionar algo tan vulnerable como el concepto de “éxito” que se consideró en un inicio» [...]
[...] mejor modelo de negocio no es aquel que más crecimiento proporciona, sino aquel que más fácil y rápidamente genera beneficios dentro de una sostenibilidad. [...]
[...] Decimotercer FCF: crear modelos de negocio que no dan beneficios rápidamente y de modo sostenible [...]
[...] ver con la forma de la idea, pero no sólo con eso. Por modelo de negocio me refiero a la combinación entre la idea y el modo de concebir el mundo de la empresa. Digamos que es cómo la forma de la idea se relaciona con los elementos que definen un negocio: proveedores, clientes, instalaciones, relaciones laborales, parte financiera, entorno… [...]
[...] La diferencia entre empresario y emprendedor [...]
[...] No me refiero a retirarse en el sentido de jubilarse, [...]
[...] ejemplo cuando la empresa va muy bien, en los que el emprendedor ha de plantearse si tiene que ser él quien continúe al frente del negocio. [...]
[...] emprendedor ha de plantearse si tiene que ser él quien continúe al frente del negocio. [...]
[...] sino en el sentido de que hay momentos, por ejemplo cuando la empresa va muy bien, en los que el emprendedor ha de plantearse si tiene que ser él quien continúe al frente del negocio. [...]
[...] cuando la empresa va muy bien, en los que el emprendedor ha de plantearse si tiene que ser él quien continúe al frente del negocio. [...]
[...] emprendedor es una persona que disfruta emprendiendo, es decir, creando cosas. El empresario es alguien a quien le apasiona generar crecimiento y, sobre todo, gestionar. [...]
[...] A mí me gusta mucho crear negocios, pero cuando éstos adquieren cierto tamaño me aburre gestionarlos. [...]
[...] cuando uno se dedica a lo que le gusta es cuando tiene más posibilidades de que le vayan bien las cosas [...]
[...] No estoy diciendo que todo emprendedor, al cabo de un tiempo, tenga que dejar la empresa que creó [...]
[...] Y ésta es la reflexión que tiene que hacer un emprendedor. Y si llega a la conclusión de que a partir de cierto momento es mejor dejar la gestión o la dirección del negocio que fundó en manos de un director general independiente, no ha de temblarle el pulso. [...]
[...] El emprendedor suele desarrollar una simbiosis con su negocio. Una especie de dependencia mal entendida. Su vida es su empresa, y si otro la gestiona, se queda sin vida [...]
[...] último FCF: querer seguir dirigiendo y mandando cuando uno ya no es el más indicado para llevar la empresa. [...]
[...] Decimocuarto FCF: ser emprendedor y no empresario, y no retirarse a tiempo. [...]
[...] Consejo final: tu enemigo eres tú mismo. El desconocimiento de tu propio desconocimiento es la fuente de todos los fracasos. Entra sólo a ganar, no a probar. Y es que, emprender, como vivir y amar, es sólo una cuestión de voluntad. [...]

jueves, 18 de septiembre de 2025

Adiós a nuestro querido auto. Mi soporte emocional durante 2 años.

Recientemente vendí mi carro y sentí una mezcla de nostalgia y esperanza. Con el tiempo, uno va creando un apego especial a las cosas que compra, casi como una costra emocional que, al desprenderse, duele un poco y deja una sensación extraña. Pero también sé que este desprendimiento es por algo mejor, por mirar hacia adelante y buscar el bienestar de mi familia y de mí mismo. 

Me consuela imaginar que ahora ese carro vivirá nuevas historias, que tendrá un dueño que lo lleve a hermosas aventuras en el camino, dándole un nuevo y quizá mejor uso. Es difícil expresar lo que se siente, y tal vez para otros sea algo simple o sin importancia, pero yo sé lo que significa para mí: dejar ir para avanzar, soltar para seguir creciendo.

lunes, 30 de junio de 2025

Cómo la búsqueda de un espacio para mi hijo se convirtió en un sueño emprendedor


Después de un año —y un poco más— de vivir el día a día con nuestro hijo, con sus risas, sus avances, sus pequeñas frustraciones y sus grandes descubrimientos, algo dentro de mí comenzó a insistirme en que había una historia sin resolver. Una incomodidad que mi esposa y yo compartimos a lo largo de casi dos años y que hoy vuelve a hacer ruido, no desde el enojo o la queja, sino desde las ganas de cambiar las cosas.

La ciudad en la que vivimos está llena de opciones: lugares para comer, para tomar café, para pasar un rato en familia. Pero aunque parezca increíble, cuando se trata de salir con un bebé o un niño menor de dos años, las opciones se reducen drásticamente. Nos dimos cuenta de que la mayoría de los espacios no estaban pensados para nosotros, o mejor dicho, para él. A veces bastaba con que no hubiera un cambiador de pañales, otras veces con que no existiera un rincón seguro para que jugara. Y cuando sí encontrábamos algo que más o menos cumplía con lo básico, aparecían nuevas barreras: reglas que excluían a niños menores de cierta edad, dinámicas poco inclusivas o simplemente un entorno que, aunque bonito, no consideraba que hay niños que aprenden y disfrutan de formas distintas.

Recuerdo que en muchas de esas salidas, nuestra atención estaba dividida. Por un lado, queríamos disfrutar del momento, del lugar, de la compañía. Pero por el otro, estábamos todo el tiempo pendientes de si nuestro hijo tenía cómo entretenerse, si podía jugar con seguridad, si no se aburriría demasiado rápido, si habría otros niños, si el espacio realmente lo incluía. Y no era que quisiéramos una atención especial, simplemente queríamos lo básico: que él también disfrutara, que se sintiera parte del plan familiar, que pudiera explorar, moverse, conectarse con otros.

Pero una y otra vez nos topábamos con lo mismo. Lugares bonitos pero mal pensados para niños pequeños. Normas rígidas que dejaban fuera a los menores de dos años, como si antes de esa edad no existieran las ganas de jugar, de trepar, de descubrir el mundo. Y sí, claro que mi hijo desde el primer año ya se subía a juegos de niños más grandes. Claro que podía. Pero no era suficiente. Si el letrero decía “a partir de los 2 años”, no había discusión. Y nosotros nos quedábamos ahí, viéndolo con ganas de participar y con pocas o nulas alternativas.

Con el tiempo, y como suele pasarme, esa molestia se transformó en algo más. En mí comenzó a nacer de nuevo esa chispa que aparece cada vez que detecto algo que podría hacerse mejor. No sé si es porque no puedo estar quieto, porque siempre ando buscando una excusa para emprender o porque simplemente tengo una necesidad constante de construir algo propio. A veces pienso que lo hago por querer dejar de trabajar para alguien más. Otras veces creo que es por querer dejarle algo a mi hijo, a mi familia. Un patrimonio, un legado, un ejemplo. No lo sé exactamente. Lo único que sé es que cuando una idea me nace desde la experiencia personal, desde el corazón, se vuelve difícil de ignorar.

Y así, casi sin darnos cuenta, nació la idea de la ludoteca móvil. Y digo “nació”, aunque en realidad fue más bien una evolución. Porque ya había visto que existían otras similares en la ciudad. Pero al ver cómo funcionaban, los precios que manejaban, lo poco claro que era su mensaje y lo poco enfocadas que estaban en los niños más pequeños, sentí que ahí había una oportunidad real. No para copiar un modelo, sino para hacer algo distinto. Algo mejor. Algo nuestro.

Hoy puedo decir que ya dimos los primeros pasos. La marca está en proceso de registro. Los temas fiscales están en orden. Rentamos una pequeña bodega para comenzar a organizar el inventario. Contratamos una línea telefónica exclusiva para el negocio. Y, aunque parezca poco, eso ya es muchísimo. Porque lo más difícil en cualquier emprendimiento, lo más valiente, es empezar. Dar ese primer paso que cambia todo. Pasar de la idea al movimiento.

Ahora estamos a pocos días de comenzar a comprar el inventario. Ya tenemos definida la propuesta, los paquetes base, los grupos de edad. Nos estamos enfocando mucho en cuidar los costos, en hacer cada gasto de manera inteligente, sin dejarnos llevar por la emoción del arranque. Sabemos que al inicio habrá gastos inevitables: renta, servicios, traslados, adecuaciones. Pero si mantenemos una mentalidad firme, si no perdemos el norte, lograremos establecer una base sólida que nos permitirá crecer con calma, paso a paso.

No todo está resuelto. Faltan muchas cosas por definir, como la logística para llevar el servicio a distintos puntos, los tiempos de armado y desmontaje, la forma en la que ofreceremos una experiencia segura y cuidada para cada niño. Pero eso lo resolveremos en el camino. Lo importante es que la idea ya no está en el aire. Ya es un plan. Ya es un proyecto en marcha. Ya es real.

Y aunque no sé cuánto tiempo va a durar este negocio —si serán meses, años o quizá una puerta hacia algo más grande— tengo el presentimiento de que algo bueno va a salir de aquí. Lo siento muy dentro. Quizá esa vieja idea de tener algún día un restaurante familiar, donde padres e hijos pudieran compartir sin renunciar cada uno a su propio disfrute, se esté reformulando con esta ludoteca móvil. Quizá esto sea solo el inicio de una nueva etapa donde podamos combinar diversión para los niños con espacios de descanso, conexión o trabajo para los papás. No lo sé. Lo que sí sé es que primero hay que empezar. Y hacerlo bien.

Hoy miro hacia atrás y veo todos esos momentos en los que buscamos espacios para nuestro hijo y no los encontramos. Y me doy cuenta de que esas pequeñas frustraciones, en realidad, eran parte del camino. Que todo eso era necesario para que hoy, con más claridad y fuerza, me animara a intentarlo. A emprender con causa. A construir algo que no solo beneficie a mi familia, sino también a otras muchas que seguramente han sentido lo mismo que nosotros.

Ojalá que dentro de algunos años, pueda volver a leer estas líneas y sonreír. Que recuerde este momento como el inicio de algo importante. Que pueda decir, con orgullo, que valió la pena. Que fue difícil, pero hermoso. Que ayudamos a muchas familias a disfrutar mejor de sus eventos, a pasar tiempo de calidad con sus hijos, a encontrar ese espacio que nosotros tanto buscamos y no encontrábamos.

Y sobre todo, que lo hicimos con el corazón en las manos y con la convicción de que jugar, reír y convivir también debe ser un derecho de los más pequeños. Porque al final, ellos también merecen disfrutar de este mundo. Y nosotros, como adultos, tenemos la responsabilidad —y el privilegio— de ayudar a que eso suceda.

Chao!.

domingo, 8 de junio de 2025

Entre el ruido mental y el deseo de cambio


Hoy no vengo con una historia bien contada, ni con una idea completamente formada. Vengo con pensamientos sueltos, como suelen estar en mi cabeza la mayoría del tiempo. Esta entrada es más un desahogo que otra cosa. Una forma de poner orden dentro del caos que a veces soy yo mismo. 

Últimamente, he sentido que tengo la mente saturada. Hay muchas ideas que me rondan, muchas ganas de hacer cosas, pero también mucho ruido. Y ese ruido se disfraza de distracción, de dudas, de cansancio. Tengo una lista interminable de lo que quiero lograr: mejorar mi inglés, programar mejor en C++, retomar la música, leer más, aprender cosas nuevas, incluso mejorar mi presencia en redes… pero cuando trato de priorizar, todo se revuelve otra vez. 

Me cuestiono mucho. ¿Estoy persiguiendo mis verdaderos deseos o solo estoy tratando de impresionar a alguien? ¿Esto que quiero hacer lo deseo de corazón o es una forma de llenar vacíos? A veces lo sé. A veces no. 

Y no es que me sienta perdido del todo. Hay cosas que me anclan. Mi esposa, por ejemplo, tiene una forma tan particular de traerme de vuelta a tierra. Su manera de decirme las cosas, de estar presente, me recuerda que no tengo que tener todas las respuestas ahora mismo. Y mi hijo… él es ese pequeño motor que me impulsa a ser mejor. Sé que quiero dejarle un legado, algo que le inspire, algo que le sirva. 

He estado programando más, y eso me ha ayudado. El código me calma. Me enfoca. Hace que los días en el trabajo pasen más rápido y me da esa sensación de estar creando algo útil. Pero he perdido constancia en otras áreas como el inglés, y no tengo una explicación clara. Solo sé que me cuesta mantener el ritmo, que mis pensamientos van tan rápido que mi cuerpo a veces no los alcanza, y lo resiente. Literalmente. El estrés me somatiza en las manos. 

Hoy, regresando del trabajo, decidí escuchar música de esa que te estruja el alma. Y entre canción y canción pensé: “quizá debería empezar a meditar”. Lo he leído, lo he escuchado, sé que ayuda. Pero, ¿y si empiezo con muchas ganas y luego lo dejo como tantas otras cosas? 

Me cuestiono incluso el uso de mis redes sociales. Las he ajustado, pero sé que no era realmente necesario. ¿Estoy buscando validación? ¿Estoy huyendo de mí mismo? A veces solo quiero quedarme con este blog, con Instagram para lo visual y Mastodon para lo que quiero decir sin tanto filtro. Pero luego algo me impulsa a querer estar presente en todos lados, como si eso fuera una forma de sentir que existo o que avanzo.

Lo cierto es que quiero cambiar. Quiero mejorar. Quiero ser una mejor versión de mí. Y quizá este blog sea parte del camino.