jueves, 23 de mayo de 2024

A mi hijo (Carta #5)

Hola, Noah. Vengo pensando en mi camino de regreso a casa desde la oficina, y la verdad, esta situación no me tiene nada bien.

El tiempo del tratamiento ha pasado y la medicina que te dimos, en parte, ha hecho su trabajo. Es cierto, ya no has tenido fiebre, pero tu estado de ánimo no mejora.

Esta semana estarás en casa; no podemos regresarte a la escuela porque algo en ti no está bien, y aún no sabemos qué es. Más tarde te llevaremos al doctor para que te revisen nuevamente. Mamá me hizo pensar, ¿habrán sido las palomitas que comiste un día antes del show de Plim Plim? No lo sé. Solo me torturo dándole vueltas a cosas que sé que no van a solucionar nada.

Me gustaría tener poderes mágicos para protegerte de todo. Pensé que ya habías aprendido a decir lo que te duele, pero ahora no estoy tan seguro. Te he preguntado si te duele algo y siempre me respondes que no.

¿Qué será eso que no te deja comer ni jugar como siempre? Yo estaría igual si no tuviera hambre o me sintiera lleno sin apetito. Le dije a mamá que algo tienes en tu pancita, que no deja de molestarte, aunque tal vez solo sean creencias mías.

Ojalá que esta próxima revisión nos dé mejores respuestas y que te receten una medicina que cure todos tus malestares. No te preocupes, mamá y yo estamos aquí cuidándote.

Te amo, flaquito.

Con cariño, ¡papá!

viernes, 10 de mayo de 2024

Ví una bestía en mí interior

Hoy podría empezar a escribir de forma periódica, diaria, quizá. Se supone que lo tendría que hacer como una terapia muy personal, algo que me ayude a dejar todos mis pensamientos fuera de mi cabeza.

No todo me tiene estresado, la realidad es que me estreso por cosas que a veces no debería. ¿Por qué la gente no se estresa tanto?¿Será que sí, pero no lo externan?, no se les nota nada. Yo veo a la gente como si nada pasara por sus cabezas. Yo no me puedo ver por dentro, pero si pudiera hacerme diminuto y viajar por mi interior, me parece que vería algo que no me gustaría ver en este mundo.

Bestia de varias cabezas. No alcanzo a verlas bien, pero desde ya, veo al menos tres. Una está con el hocico espumoso, como rabia que no cesa. La otra veo que está moviendo en muchas direcciones, alocada y sin control. Con ira, más que por júbilo. De hecho, está tratando de atacar a la tercera que está allí, espectando a las dos con extraños comportamientos. ¿Ves?, ahorita ya me salí de allí y ahora me veo sentado esperando en esta sala. El doctor está a punto de llegar.

Dicen que no va a doler, la ocasión anterior no me mintieron. Fue una cirugía muy veloz, un par de movimientos con bisturí. No vi sangre, solo veía a un cirujano seguro y preciso en sus movimientos. La otra persona que ayudaba, solo se mostraba insegura de lo que hacía. Espero que en esta ocasión no me atienda ella.

Ya estoy tratando de regresar a la escena del terreno volcano, rojo y negro al mismo tiempo, se ve humo y fuego por detrás de esta bestia, que por la distancia que mantengo de ella te podría asegurar que tres metros al menos sí tiene de alto. He notado una piel acorazada. No es de tortuga, ni es liza, ni brilla, es más bien como de dragón, de dinosaurio, áspera y rugosa. Alcancé a ver un cuerpo pequeño si se ve respecto al volumen de su cuello y las masas cefálicas que son enormes.

La bestia posa desatada tratando de pedir ayuda, pero no lo hace, no puede, ruge y no se oye, y eso incrementa su ira por querer ir a mí y tragar a su víctima de un bocado.

Más allá no alcanzo a ver qué hay, pero sé que es algo que no quiero espectar. Si a estas alturas tuviera de la mano o solo a mi lado a alguien que no solo me empuje, sino que me controle el paso talvez, ya estaría avanzando más allá de la criatura asquerosa que de la nada llegó a verme con esos ojos grandes, negros y diabólicos.

Cierro los ojos y de nuevo estoy donde me veo anotando estas líneas. No sabía que podía viajar más de lo que pensaba. El cirujano está por llegar. Ya es hora. La intervención ya va a comenzar.